lunes, 27 de febrero de 2017

Los ciclos de la naturaleza

No te detengas,
Avanza, prospera, progresa, deja que sea el mismo instinto quién te dé impulso, no importa que no sea lo esperado, mucho menos lo soñado; lo has intentado y detrás de esa desilusión existe una intención… Rompe cadenas, construcciones hechas, tradiciones culturales, pensamientos únicos; vive, experimenta, percibe, reconoce sentimientos, distingue emociones y aprende a evolucionar en cada ciclo de la vida.

Escúchate,
Cierra tus ojos, agudiza los sentidos, siente cómo la música conecta con el alma, cómo el aire ingresa a tu cuerpo y cómo tu mente es capaz de proyectarse, de elevarse y obtener esperanza, recibe la respuesta de tu interior, refuérzala con tus pensamientos y pronúnciala con el lenguaje, eres el artífice de lo creado, el dueño del círculo y el responsable de estar donde estás.

Déjalo ir,
Deja que sea el corazón quién llore su angustia, no le des contestaciones construidas, simplemente déjalo, protégele y arrópalo, las heridas cierran; con lentitud, pero sanan. No profundices en saber si el amor es eterno, duradero, no te autoculpes por su marcha, no retengas al que no te acepta, al que no comprende ni al que no ama desde sus venas, sabrás que el amor es energía, sudor, pasión, creatividad, felicidad y, sobre todo, unión de dos almas que se reconocen hasta en el más absoluto silencio.

Un simple hasta luego,
No más abrazos, no más besos, no más preguntas ni respuestas; tan sólo y llanamente una flor de despedida, una mirada al cielo y un vacío que se transforma en pena, nostalgia, recuerdos, deseos, rezos… un te quiero elevado al más allá, un te necesito impulsado a la eternidad, un no entiendo enfadado con el todopoderoso y un… algún día estaremos dónde sea que el alma descanse…

Un contundente no,
A las críticas que se desvanecen en el argumento, a las personas tóxicas que anteponen su orgullo y soberbia ante la construcción de amistad, cariño y equipo, a los mal nacidos que golpean y manipulan como herramienta de su miserable y más absoluta degeneración humana, a los que son capaces de trepar y llegar al poder olvidándose de dónde vienen, a los que mal gastan sus vidas construyendo historias de otros, a los que creen que rezar es mejor que hacer, a los que se golpean el pecho pero son miserables, avaros y mezquinos.  

Imita,
A las mujeres que nos han parido, a las que batallan, trabajan, son madres, abuelas, energéticamente positivas y luchadoras absolutas. A los hombres que hacen de sus familias ejemplos de unidad, a los padres que aman a sus hijos, a los hijos que reconocen a sus padres, a los hombres que son verdaderos hombres amando a sus mujeres, a la mujer que ama a su hombre, a la mujer que ama a su mujer, al hombre que ama a su hombre. A los hijos que ayudan a sus padres. A los políticos que saben que la política es vocación, que la vocación es servicio, que el servicio es ayuda, que la ayuda es don y que el don es de humanos.

Reconoce,
Las oportunidades que te da la vida, al otro cuando es capaz de superase a sí mismo y a los demás, cuando un gesto es mejor que sus palabras, cuando te has equivocado y no sueles agachar la cabeza, cuando has fracasado, tocado fondo, intentado, pero no superado; te darás cuenta que el reconocimiento es impulso al mejor ser, a la acción causa-efecto y así, la vida es rueda y la rueda es felicidad.

Sueña,
Con lo que deseas, anhelas, proyectas. Con escribir un libro contando tus experiencias, angustias, miedos y qué es para ti la felicidad. Con ser padre- madre y aprender en cada momento, disfrutar en cada etapa. Con un mañana mejor que el ayer, teniendo en cuenta quién eres, cómo eres y lo que quieres. Con dinamismo, voluntad, fuerza, coraje, superación y despierta sabiendo que el sueño pronto será una realidad…

Olvida,
El daño causado, la palabra mal sonante, las acciones ya cometidas y los rencores del pasado. El ayer sufrido, el llanto incomprendido y la soledad en solitariedad. El no hacerlo para volver a caer en lo mismo, el no superarse por recelo al qué dirán, el no hablar por no destacar, el no opinar por vergüenza al preguntarme quién soy, el hacerte pequeño en actitudes que puedes crecer, madurar y hasta triunfar. El no querer por temor a romper estructuras, comodidades y hasta incongruencias en mi interior. El no liberarte por miedo a lo que te han inculcado anteponiendo ideologías y olvidándote que eres humano y que el amor es una gracia, un don, una conexión con lo puramente perfecto.

Siente
El deseo de amar, el propósito de ayudar, el apetito a ser amado, el cariño a recibir, la efusividad en dar, las ganas de escuchar. La necesidad de ofrecer mi mano, extender la solidaridad, llorar con quien llora, reír con quien ríe, empatizar con quien tengo al lado y ser feliz con los demás. La intención de avanzar, lo que tu corazón necesita, lo que tu alma te propone y lo que tu mente te dice. Aquello que el silencio te transmite, el vínculo con la naturaleza, el sonido del mar, el restregar de tus manos. La sangre que corre por tus venas, cada latido de tu corazón, el ritmo de tu vida y el aroma de tu vivir.  

Pregúntate,
Si eres lo que quieres. Si quieres lo que eres. Si deseas lo que tienes. Si tienes lo que soñabas. Si sueñas con ser, avanzar, crear, vivir, potenciar, renacer, luchar, no caer y, sobre todo, sonreír. Si has tocado la felicidad, si has liberado tu espíritu, si has sido capaz de amar sanamente, de llorar justamente, de pedir perdón cuando has fallado, de ayudar cuando era oportuno. Si lo que tienes es porque te lo mereces. Si tienes amigos, personas que aportan y construyen en conjunto.  Si aquello que anhelabas es lo que hoy has fundado, si cierras los ojos y te sientes cómodo contigo mismo, si miras hacia atrás y se dibuja una bonita sonrisa en tu rostro…

Recuérdate,

Amar es un estado. Querer es un sentimiento. Odiar es de torpes. Envidiar es de cobardes. Criticar es oportuno de aquellos que no tienen vida. Decir adiós es propio de los humanos. Altruismo es de buena gente. Aparentar es de hipócritas. Nostalgia es sinónimo de gratuidad. Emocionarse es la conexión con el mundo. Nacer es un milagro. Registrar la vida es de sabios. Morir es natural. 

miércoles, 8 de febrero de 2017

Jamás es tarde, ¡jamás!

Dedicado a un ser muy especial…

Y sí, pueden pasar años, infinidades de motivos y hasta miles de fracasos, pueden brotar lágrimas y marcar el rostro de tristeza, pueden hasta bloquearme y no tener la capacidad de ser quien tenía que haber sido, pero, llegará ese día donde aprenderé a conducir mi propia existencia. ¡jamás es tarde!

Cuando la arena acaricia mis pies, cuando el viento renueva oxígeno y cuando el mar me envuelve en su misterio me doy cuenta que estoy aprendiendo a vivir… Me he olvidado de los años, no sé quién fui, poco me interesa saber quién soy porque hoy, me concentro en el mañana; agotaré mis últimas energías en conocerme y darme los mejores placeres jamás realizados.

Ayer pensaba que ceñirme en tu círculo me daba esperanza de tu cambio, me iluminaba esos arranques de ternura que tenías hacia mí, esos abrazos intensos pidiéndome perdón y el jamás lo repetiré… volvías a quebrantar y clavarme, una vez más, en la misma herida del pasado… y así, mi propia mente buscaba las explicaciones, discutían en lo más profundo de mí y dejaba que otra vez, me encierres en tus caprichos sin sentidos…

Rompen las olas, camino dejando mis pequeñas marcas, se las lleva el mar y quedan en el intento el querer rescatarlas, como si el mismo universo me dijese que es tiempo de orgullo personal, de dignidad, de valentía y de erguirme frente a mí mismo y avanzar, de fijar una meta personal, olvidarme de los miedos y levantarme una y otra vez.

Me ponía detrás, creyendo que tenías siempre la razón, procuraba no darte malos momentos, insistía en atenderte con marca personal, quería y anhelaba tu reconocimiento, deseaba ese cariño y un susurro al oído, imaginaba cómo seríamos en el futuro… La recompensa era la anulación, me sentía el ser humano más pequeño, honré tu vida ante la mía, olvidé mirarme al espejo por agradarte, fueron lágrimas no deseadas, silencios cargados de ira,  súplicas al más allá de que me dijeras un te quiero y hasta un cerrar los ojos sin querer volver a abrirlos.

El viento y la calidez del sol impulsan mi naturaleza humana, estoy capacitado para enfrentarme y caminar por donde quiero y he deseado, reírme sin parar, ya no más miedos ni recelos, ponerme frente a ti, mirarte y decirte que el sendero que hemos transitado ha sido un error y soy dueño de mis pensamientos, hoy; respirando y sintiéndome la persona más libre puedo vociferar que ya no más; que ahora, mi vida es fruto de mi hacer y jamás entregaré la conducción de ella.

La finura de la arena, la bondad de lo creado y el misterio de lo infinito me aferran, me enaltecen y me empujan a la elevación de mi ser; mañana, cuando abra mis ojos y me mire al espejo podré descubrir el brillo que proviene de mi propia alma porque me lo pedía a gritos, imploraba que no la abandonase y que los pensamientos no sean dueños de mis acciones.  

Cierro la puerta a lo que fue. En el olvido queda aquello que no avanzó. Enterrado permanecerá el resquemor y el resentimiento. Ya no habrá dolor en el pecho por lo inalcanzable. Ya no más explicaciones de promesas incumplidas. Apago la luz a la tristeza. Aspiro aquellas migajas de soledad. Despido con absoluta valentía al miedo que me condicionaba y me hacía esclavo de mi propia vida.

Necesitaba este respiro. Saber que no soy uno más en la inmensidad de seres humanos, sino que soy yo; con mi historia y mi experiencia. Esta vez, tengo la llave a la plenitud, observo lo que vendrá, me lanzo a lo nuevo, me olvido del tiempo, agradezco a la misma vida lo que tengo y juro, a mi alma, que seré yo y mis circunstancias…

Deseaba que el viento sacudiera mi rostro, ansiaba reconquistar lo que fui, enamorarme de proyectos, sonreír y escuchar, aconsejar y actuar. No habrá más miedos, tampoco inquietud ni mucho menos dolor.

Soy lo que soy. Pero decido qué querré. Por eso, esta vez, inhalo con fuerzas y vuelvo a empezar.

Y sí, los años pasan, muchos aconsejan, pero necesitaba reencontrarme, percibir a mi alma y, sobre todo, conquistarme. 


martes, 31 de enero de 2017

Lo siento, pero...


Desconfío de la actitud del “yo lo hago” con el afán de satisfacer las necesidades emocionales reprimidas, anteponer el ego y olvidarse del equipo.

No creo a aquellos que necesitan manifestar su amor y entrega en redes sociales esperando los “me gusta” y la aprobación de los otros.

No convencen los que desperdigan tantos “te adoro” cuando en gestos, actitudes y hechos han sido o, tal vez son, egoístas e incapaces de aceptar que la realidad es otra y que pronto el invierno llegará. 

Dudo de los que sólo aman vivir "el momento", los que son felices subiendo cada "instante" en redes sociales, los positivos permanentes, los que expanden besos y finalizan la conversación con “estoy aquí para lo que necesites”.

Sospecho del que sale de misa, comulga los domingos, se arrodilla ante el altar para comunicarse con Dios; tiene por afán (talento) hacer daño innecesario, hablar por las espaldas, criticar sin sentido y hacerse dueño de una vida que no le pertenece ni le pertenecerá.

Temo a aquellos que no se mojan, de los que disfrutan del “me da igual”, de los que no mueven pestaña ante acontecimientos intolerante; de esos que se quedan inmóviles antes las injusticias de los demás por miedo a ser como realmente son o simplemente por estar en lo políticamente correcto.

No cuadran aquellos que van con la pancarta de la “sinceridad”, los que divulgan el “yo soy así”, los intolerantes y los que evitan dialogar porque prefieren discutir. Los que elevan la voz, tener un gesto de soberbia y jamás reconocer un error.

No cuajan los que prometen amor por todos los laterales, los que van de reflexivos, los que se creen que han vivido demasiado y nada les hace daño, los que han estudiado y son dueños de la biografía de la vida, los que dicen que bajan porque ya han subido, los que no lloran porque nada les duele, los que insultan porque así quedan orgullosos, los que dicen sí cuando ni siquiera han escuchado, los que oyen y no son capaces de escuchar, los que se distancian porque no entienden que una idea es personal y no sentencia de muerte.

Pongo en tela de juicio al que me abraza y, a la vez, critica sin piedad, al que me consuela usando descalificativos contra otros, a los que aman, pero necesitan distancia, a los que viven, pero no conviven, a los que procrean, pero no educan, a los que fracasan, pero no lo intentan, a los que piden, pero no saben decir “gracias”, a los que necesitan tiempo sin tener empatía, a los que manipulan sin escrúpulo y al manipulado sin dejarse ayudar. 

No cierran los discursos políticos cargados de nacionalismo, organismos que luchan por "el otro" pidiendo dinero a todos, magnates multimillonarios simplemente por tener creatividad, personajes que aparecen como constructores de una verdad indiscutible, religiosos que tienen el antídoto para vivir plenamente, autores que escriben líneas de cómo ser feliz o alcanzar el verdadero éxito.

A veces desconfío, no creo, no convencen, dudo, sospecho, no cuadran, no cuajan, pongo en tela de juicio y no cierran por eso lo siento… porque hay veces que caigo en estos rincones, comienzo a proyectarme, olvidarme que somos iguales e intentar construir un ser superior al que verdaderamente soy. 

miércoles, 25 de enero de 2017

¿Qué quiero realmente?

Algunas veces nos escondemos. Otras desaparecemos; sabemos que es la mejor receta ante el enfrentamiento, a la falta de coraje y así, evitar las respuestas cargadas de justificativos.

Muchas lloramos, nos silenciamos, evadimos mostrar la debilidad que nos caracteriza por recibir la justa palabra que será la responsable de no dormir, hacernos pensar y hasta modificar el actuar.

En ocasiones nos llenamos de adjetivos para definir al otro, tenemos sabias herramientas del lenguaje para dar en la expresión particular y así, olvidamos lo que somos, decoramos nuestra esencia y giramos la realidad a nuestro confort.

Por momentos, señalamos que los responsables son los otros, tenemos la firmeza que mi error es responsabilidad del “tu” o de “ellos”, oportunidad exacta para retirarnos, establecer la barrera del error y sostener que la felicidad es “dejarme hacer” en vez de “sonrío desde el alma”.

Ocasionalmente construimos “expectación” creyendo que es la verdadera felicidad; esa que se desliza en eterna y que en realidad no existe sino aprendo a ser yo en mi finitud y en mi intensidad. Realizamos procedimientos para ocultar lo que somos y así, nos atrapamos a lo que tenemos por seguro: mañana se irá. Conseguimos engañar al corazón con fórmulas autodestructivas, con personajes tóxicos, con eventos vacíos sabiendo que llega la noche y cuando mi corazón se relaja aparecen los llantos, el miedo, las preguntas sin respuestas y un futuro sin proyecto.

De vez en cuando ignoramos consejos externos, negamos -aun sabiendo que es correcto- las opiniones de los que nos aprecian, no tenemos la suficiente confianza de decir “voy a intentarlo” porque en el fondo no estamos en el nivel de cerrar puertas y dejar que el universo nos adentre a nuevos desafíos.

A veces, construimos un futuro basado sólo en el presente, intentamos imponer al destino lo que hay, sabiendo que soy dueño de mi historia y jefe de mi vida. Nos apasiona gastar parte del tiempo en dramas, guiones con finales dolorosos y hasta lágrimas que se podrían haber evitado. Estamos en condiciones de ver quiénes fuimos y qué hicimos, no pisar la misma espina, alejarnos sabiamente pero no; tenemos la capacidad de caer en esas inseguridades que me alivian temporalmente.  

Muchas, dejamos el desafío en el olvido, nos agarramos a lo que tenemos sabiendo que caduca con el tiempo, somos incapaces de gritar lo que deseamos, de luchar por lo que apostamos y tercos creyendo que la felicidad sólo se hace presente cuando aparece el "otro".   

Somos especialistas en construir frases que no me las creo, palabras que arropan la falta de aprecio personal y el derecho de ser como se es y no de simular una imagen tuneada y publicada.

Al final, muchas veces no somos lo que deberíamos ser por continuar en la “eterna inmadurez”, por permanecer en la teoría de la falsa humildad, por no asumir que los demás podrían estar en condiciones de ayudarme y hasta de empujarme.

Al final, nos damos cuenta que la felicidad es "ser uno mismo" y que, al final de la tarde podemos tener la capacidad de autoevaluarnos. 

lunes, 5 de diciembre de 2016

Para ellos...


Dedicado a aquellos que se han quedado fuera del tiempo, a los que han abandonado este trayecto, a los que han apagado su luz para iluminar ese gran firmamento.

No sé si has sido tú, tal vez no, a lo mejor sí, pero me produce enfado, angustia y hasta dolor saber que voy a buscarte y ya no estás. Se me marchita el alma, se me rompe el corazón, te proclamo, pienso y ni siquiera eres capaz de aparecerte en mis sueños.

Rompo el ritmo de la música, elevo suplicas con el afán de que regreses, camino perdido intentando que seas tú; quien me reconduzca por el lugar correcto…

Escribo desgastando mis dedos, lloro sabiendo que duele, miro al vacío jugando a diseñar tu figura. No me salen ni palabras, no tengo casi lágrimas y apenas sé dibujar…

Contemplo el universo, la inmensidad de la belleza, la individualidad del ser humano, el rencor de los hermanos sin darse cuenta que mañana, podrían experimentar la sensación de intranquilidad por no saber perdonar; tarde porque en vida el abrazo es real, intacto y hasta eterno…

Miro aquellos hijos que reniegan de sus padres condenados a que en un momento, sean ellos quienes acerquen la cara al mármol frio pidiendo perdón por no haber tenido la capacidad de entender que le debíamos la vida y somos lo que somos porque ellos nos han creado.  

Observo aquellos niños en el parque y, si un alma vuela de casa en casa, a lo mejor serás aquél, ese o tal vez, aquella… cómo reconocerte, cómo retenerte. Cómo explicarte que necesito un último consejo, una última palabra y un último beso.

Son palabras pensando en tus sueños, son lágrimas trayendo tu aliento, son miradas dirigidas al universo, esperando que te expulsen, que entiendan que te necesito. No brotan conectores que digan lo que siento, no puedo llorar porque la soledad se ha hecho dueña de mi alma y apenas puedo observar el infinito…

Busco explicaciones coherentes, recurro a libros y hasta la palabra espiritualidad, indago intentando traerte, regresarte, experimento cruzando el umbral, me uno a un sigilo, pero no soy capaz de percibirte.

Me arrodillo a ese crucificado, veo como su madre llora junto a la cruz, descubro su dolor, suplico que me entienda, que no repita la historia, que sea capaz de entenderme, pero no hay más que estatuas frías en absoluto silencio.

De repente, en la más absoluta conexión conmigo mismo te descubro. En lo más íntimo de mi capacidad de conocerme te encuentro. En la cotidianidad de mi experiencia nos vemos y reencontramos como antaño.

Impensadamente, sabes lo que siento porque jamás has dejado de estar. Sólo ha sido una mutación, un cambio de sentido, un tiempo humano para una etapa perdurable, una incapacidad humana para una eternidad perfecta.

No más lágrimas, sabiendo que puedo abrazarte con mi capacidad de existencia. No más silencios porque he aprendido a escucharte en el murmullo de la multitud. No más dolor ni angustias porque entiendo que sigues brillando y que allí, en la inmensidad del amor eres totalmente dueño de tus propios sentimientos.  

No más tormentos porque al cerrar los ojos regresas a darme las buenas noches. No más tristezas porque estás en el aura invisible pero energéticamente transmisible.

Ahora, mientras avanzo hacia lo nuevo, abriendo metas, cerrando heridas, apostando por proyectos, puedo mirarme, sonreírme y hasta contemplar el brillo de la esencia.


Salen palabras, brotan partituras… 

viernes, 25 de noviembre de 2016

Despacio

Despacio, en pleno silencio de la noche, como niño que se levanta de la cama y corre a la cocina por un dulce, como adolescente que llega tarde y no quiere despertar a sus progenitores, como padres que se van a descansar luego del mayor logro de la noche: dormir a su hijo; así lentamente, me acerco a la habitación, recapacito que mi única compañía, en esta fría noche, es la soledad…

Me recojo junto al fuego, mientras contemplo casi hipnotizado cómo las llamas arden y seducen constantemente el aire, mis recuerdos me visitan, me avivan las emociones y hasta me impulsan a indagar en la eterna búsqueda de la felicidad.

Brotan las imágenes, parece que los recuerdos no se conforman con quedarse allí, en lo más profundo de nosotros, les fascina tener oportunidades y manifestarse, se sienten dueños del momento y con la capacidad de liderar cada emoción.

Te haces presente mamá, qué guapa fuiste. Alta, morena, pelo lacio y con mirada color cielo. Cuántos años han pasado, observarme, me has dejado allí, finalizando una etapa, intentando saber si quería ser médico o abogado, si salía y buscaba nuevos rumbos; te fuiste, así, como un pájaro que emigra buscando su oportunidad de descanso.

Mírame, creo que he intentado imitarte, absorber lo que me has inculcado: dar las gracias siempre, mejor que sean demás a que falte sólo una, volverse y pedir perdón, pero con el alma, que duela, al final, la cabeza olvida. Ayudarlo, no importa si no sé quién es y de dónde viene, estamos de paso en este mundo y seremos juzgados por lo que hemos hecho, cómo y en qué momento actuamos.

Pues sí, déjame que te reproche tu ausencia, estuve caminando herido, nadie me daba la respuesta a tu huida, y jamás, nunca he perdonado ese: descansa en paz… No, aún no era tu momento; aún no.

Conservo aquella fotografía, sentada en ese sillón blanco, con rostro feliz, abrazando a ese pequeño, dedicándome tu sonrisa y aferrándote a la vida como dueña y señora del amor, plasmada quedó en esta imagen los sentimientos del momento… no importaba que ese, quién sería mi padre, por cobardía se esfumara.

Te miro madre, me observas y poco a poco, en la calidez del fuego, desapareces hasta volverte a encontrar, quizá, en mis infinitos recuerdos.

Cierro los ojos, me acaricio mis propias manos, las siento ásperas y casi adormecidas… me emociono sabiendo que fui lo que quise ser, que tenía metas, miedos y dudas, pero que aposté por lo que ambicioné, me lastimé, me enfurecía conmigo mismo y lo volvía a intentar. Sé quién fui, me reconozco en cada rincón, en cada acción y hasta en cada expresividad de viejo quisquilloso…

Te encontré en medio de dudas, fuiste dueña de mi corazón, razón de mi vida y hasta luz en mis oscuridades. Crecimos enamorados, compartimos vida y hasta creamos espacios, madurábamos juntos reconociendo los errores y apostando por el futuro. Nos juramos amor eterno, cuidarnos mutuamente, despertarnos con la felicidad de tenernos y dormirnos con el abrazo del amor…

Así te quedaste, dormida en mis brazos. Sabías que te ibas y no me lo dijiste, esa noche pronunciaste: eres aquello que me ha dado latido, eres sangre en mis venas y energía en mi vida, me diste un beso, nos comunicamos en el silencio y sin más, te despediste.
Con los años comprendí que el amor que me tenías era tan grande que no quisiste que sufriera a tu lado sabiendo que un día te irías, así sin más. Aquí, en este calor del fuego te revelo que, desde ese día que te despediste, todas las mañanas te contemplo y todas las noches duermo cercano a tu alma, suspirando que pronto nos reencontraremos en el amor celestial.

En mi juventud creía que la vida sólo daba miles de oportunidades y que podías escogerlas según las sensaciones y las vibraciones, con la madurez comprendí que sí, que te da un sinfín de alternativas y que te invita a que subas al tren; ten en cuenta que si arranca y te quedas mirando lo lamentarás eternamente… acelera el ritmo si ves que llegas tarde, sube y si te equivocas, habrá tiempo para bajarse y actualizar la ruta.

Quedarse en el intento de probar, indagar o esperar al siguiente es actitud de un temeroso, erguido y con la fuerza de ser quién eres podrás experimentar y siempre vivir como es correcto: con motivaciones y expectante a lo que llegará, futuro, siempre a futuro, al final el pasado son capítulos que se contarán por otros, tú ya lo has vivenciado; arranca lo insano, lo doloroso, no te quedes en lo que no ha sido y así, sentado junto al fuego, podrás contarle a tu vejez, parte de tu historia.

Fue tarde, pero nos reencontramos. Hubiese querido compartir contigo más etapas, no sé qué nos pasó, juramos siempre que, pase lo que pase, nuestra amistad sería duradera y hasta el final… Tengo un vacío querido amigo, me faltan puzzles que no encuentro sólo sé que todas las tardes, por más que tú no lo sepas, voy, te veo y me siento allí, a la vera de tu cama, estaré, porque hemos sido y somos amigos… no sé nada de tu vida desde aquella tarde donde me dijiste que te ibas a trabajar fuera, esos días han sido treinta años… hoy, tampoco tú eres dueño de tu vida, tu mente ha decidido quedarse dormida pero no estás solo, aquí me tienes, los dos viejos, arrugados pero amigos…

Me quedo con lo que me dijiste cuando terminamos el instituto, los dos, estaremos en caminos separados, pensaremos diferente, iremos, volveremos, pero nos tenemos… y cuando seamos viejos el primero que caiga el otro cuidará, para eso son los amigos. Aquí me tienes querido hermano, compañero. Ojalá puedas escucharme, que sepas que hoy, pese al frío y la llovizna el día es especial, celebramos tu cumpleaños, feliz 90 años, intenta engañar a tu mente, busca en el recuerdo, aférrate y verás que hemos tocado la felicidad con las manos.

Claro que sí, claro que he sido feliz, ha venido en forma de mujer, de amor, de amistad, de sorpresas, de emociones, de reencuentros, cumpleaños, noches, es magia, es perfecta y es única… la felicidad es momento oportuno, la tuve en mis manos, la abracé, sabía que era la perfección de un instante y en un tiempo limitado, por eso la aproveché y me dejé llevar…

También apareció ella, vestida de dolor y de sufrimiento, no te pude evitar, jugabas a desaparecer para siempre, pero te ocultabas en mis momentos de vacío y nostalgia, confundías mis sentimientos con llantos que amargaban mi corazón… hasta que te supe comprender, nos hicimos confidentes y hoy, querida soledad, sabes que soy yo quien te llamo y no tu quien me guía.

Lo vivido ha sido pisado, desgastado y las huellas han quedado. Te sonrío mientras se consume el último leño, quizá, mañana por la noche te vuelva a ver… Me pedirás más recuerdos, esos; que llegan y te das cuenta que sí, que has subido al tren, que sí has apostado por ellos; por aquellos que te han amado, que has luchado por los que hoy no están o simplemente por los que jamás te dijeron gracias y que, tal vez, merezcan nuevas oportunidades.


Por lo pronto, mañana, en el silencio de la noche, vendré despacio y contemplaré cómo el fuego me trae buenos recuerdos...

miércoles, 16 de noviembre de 2016

La aceptación es parte de la madurez



Ya es tiempo que sea yo, junto a mi universo, a mi soledad y hasta mi propio ego que se sienten e interactúen, comprendan y entiendan que soy justamente yo; único e irrepetible, quien debe coger las riendas de la vida, dirigirla por el sendero más adecuado, equivocarse miles de veces, sabiendo que lo que hice o lo que haré tendrá heridas de madurez, pero con final feliz.

La introspección me revela lo que realmente soy, sé que tengo que modificar comportamientos, pero que, por mi estado de confort no me atrevo a cambiar y ni siquiera a intentarlo.

Estoy en pleno conocimiento que tengo miedos y que cambiar de actitud provoca desajustes, mueve estanterías y aquello que parecía perfecto demuestra que sólo era ficción, revoque y barreras personales para ocultar que la apariencia es sólo espejo de una falsa realidad.  

Sé que las dudas son parte de mi intensa imperfección y que debo aprender que no todos buscan en mí aquello que yo estoy dispuesto a dar; que la amistad es canal de reciprocidad permanente y que el amor es un acto de entrega, sabiendo que allí, en ese estado se han desvanecido los miedos y las inseguridades.

Comprendo que es el tiempo exacto para aprender a vivir y para cultivar el alma; cada acción tiene su reacción, cada momento tiene a su gente, cada etapa sus oportunidades, cada espacio sus disfrutes; me sentaré, miraré la copa y seré yo mismo quién brinde a mi propia salud, me emborracharé, dormiré y mañana, cuando el sol me obligue a abrir los ojos, serán nuevas proyecciones, nuevas vivencias y hasta nuevas respuestas. 

Conocerse, valorarse y aceptarse parece tarea fácil, al final, nacemos con nombres impuestos, evolucionamos probando y morimos en el intento de haber sido algo parecido a lo que somos, añoramos otras vidas, suspiramos otras experiencias y nos desvanecemos en un tiempo perdido.

Somos parte de los que ya no están, me han hablado de tus principios, de lo que decidiste hacer y de que, gracias a todo aquello, aquí estoy… miro al cielo, indago dentro de mis pensamientos e intento saber si tengo algo; un ápice de tus motivaciones en la vida, saber cómo has vencido al miedo y entender cuál ha sido tu escudo en momentos de caminos difíciles.

Es justo el tiempo, es en el aquí y en el ahora que decido ser como he tenido que haber sido, no importa que los segundos hayan construido marcas de vejez, las oportunidades aparecen y hoy, yo me aferro a ellas. Las decisiones son efectos, algunas con resultados a corto plazo y otras, las más difíciles, nos quedamos mirando el reloj.

Entiendo que si has llegado es para quedarte, que valoras el arte de la palabra, que cuando me dices que me amas son rimas que emanan de tu alma, que estás dispuesto a renunciar y a luchar por los dos y que algún día; cuando así se decida, serás tú o yo, uno de los dos, quien depositará la última flor en el lecho del descanso final.

Concibo al amor como lo que es; dulzura que corre por las venas, imágenes mentales que estabilizan el alma, verte, abrazarte, discutirte, respetarte, quererte, comprenderte, pero, sobre todo, proyectarnos, hablar de dos… apostar a las olas, enfrentarse al viento y descansar en los atardeceres.

Es momento quizá, de darte las explicaciones necesarias y que entiendas que soy yo quien, esta vez, ha decidido cerrar la historia.  Contemplarme desde lo más profundo de mi ser, me ha hecho comprender que tus miedos y tu cobardía te aíslan de la realidad y que prefieres la soledad y el cortoplacismo… Eliges tu egocentrismo y rechazas construir un futuro de dos. Será difícil, el amor no se esfuma de la noche a la mañana, pero quiero amar y ser feliz y jamás amar en eterno sufrimiento.  

Será mi alma quien se acaricie a sí misma, sabe que el amor que te he entregado era fidedigno e irrefutable, pero si no hay concordancia, no hay felicidad. 

Es justo aquí, donde decido que lo tóxico y lo superfluo se retiren de mi esencia, el amor es conexión y no manipulación, la amistad es un valor que se aprende y se construye, se reconoce en dos seres que se conectan y no en el aprovechamiento y la avaricia de algunos. 

Quedo sostenido en el más absoluto de los silencios, desde allí, desde el centro de mi ser me observo, distingo lo que deseo y me aíslo de la banalidad…
  
Desciendo y vuelvo a la realidad, esta vez, me aferro a nuevas metas, abro mi corazón a verdaderos amigos y conecto con quién pide entrar a mi alma. 

Al final, la vida me da oportunidades; únicos momentos en los que debo escoger, aceptarlos o dejarlos ir. 

Es la vida quién me ofrece etapas, algunas complicadas, amargas, con difícil aceptación, rechazo y dolor, otras con aroma de felicidad y de bienestar.  

De todas formas, ya es tiempo que sea yo, junto a mi universo.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

PUEDE

Puede,
que me mires con ternura de amigo, con cariño de familia, con amor verdadero, que entiendas que cuesta levantarse, que duele el silencio, que arde el alma y que, poco a poco, lo intento…

Puede,
que estés a mi lado, que seas calor de abrazo, hombro de llantos, oído de preguntas sin respuestas, miradas de comprensión y lágrimas de entendimiento…

Puede,  
que interrogue a la vida, que reniegue de la naturaleza humana, que no encuentre la salida a todo problema, que hoy, la esperanza sea simplemente fracaso, que las enseñanzas del pasado se traduzcan en teorías de imbéciles sin sufrimientos, que los tópicos de la felicidad existente sean de cuentos fundidos en una realidad donde cada uno camina en su eterna solitariedad…

Puede,
que me cuentes tus cosas y que mi mente divague por el mundo de las ideas, que me pidas ayuda y sientas que jamás he estado a tu altura, que la mano que me has pedido ha quedado en el intento y no en la efectividad…

Puede,
que te hayas cansado sólo de escuchar y no de ser escuchado, de abrazarme y no de envolverte en mis brazos, de darme tus pañuelos y no de ser yo, quien, en alguna ocasión, haya secado tus lágrimas…  

Puede,
que ayer no te haya dicho lo que realmente sentía; hoy ya es tarde, el tiempo se ha precipitado y arrancó de la tierra tu esencia, te llevó, te desenterró, sólo me quedan tus recuerdos y el aroma que poco a poco comienza a desaparecer…  

Puede,
que desde el más allá; desde aquella estrella que brilla perenne, seas capaz de perdonarme, de comprender que, de manera humana somos incongruentes, egocéntricos y hasta preocupados por lo mundano y lo frívolo…

Puede,
que no entienda el concepto de felicidad, que no sonría desde el alma, que mis ojos no tengan brillo de humanidad, que mis labios no se extiendan al ritmo de la carcajada y que no sea capaz de llorar de tanto reír…

Puede,
que arrastre los pies al irme a dormir, que cierre los ojos deseando no volverlos a abrir, que me acurruque con mis propios pensamientos, que moje la almohada una y otra vez trayéndote a mi mente…

Puede,
que, al abrir la ventana, los rayos de sol produzcan más cansancio, que desee nuevamente la noche, el silencio y así, envolverme con mi alma y traerte a mis recuerdos…

Puede,
que el tren pase sólo por un segundo, que la vida no entienda ni de angustias ni de penas sino de intentos, de tropiezos y de moratones…

Puede,
que mis suspiros sean para unirme con tu energía, que mis arrugas marquen el fin de una trayectoria y que mis escritos sean para hacerte entender que la vida es aroma y frescura en las cuatro estaciones del año.

Puede,
que al leer estas palabras preguntes por mi historia, por mi vida… No repitas los tropiezos del camino de ayer, observa y avanza. Recuerda que vale más un abrazo en silencio que un beso en la mejilla y un hasta luego.

Puede,
que entiendas que, si brilla tu mirada, si abrazas con fuerza, si sonríes desde el alma, si ayudas con el corazón, si lloras cuando tienes melancolía y si añoras momentos, es ahí donde tu vida comienza a disfrutar de estado natural de la propia felicidad…

Puede,
que me entiendas. 

martes, 21 de junio de 2016

Tu propio silencio...



Recuerda que amar es aplicar la ley de la naturaleza, dejar atrás los malos momentos y aprender que el amor no es más que la esencia de la vida, energía que inicia un ciclo que transforma y convierte.

Recuerda que llorar es explicarle a tu ego la fragilidad en la que te sostienes, extirpar el dolor, apaciguar el mar interno, suspirar y volver a navegar. 

Recuerda que reír es demostrarte que la felicidad no es heredada por ideologías; si no que es pactada entre tu alma, tus sentimientos y el momento. No permitas que te engañen con la felicidad del más allá, lo vivido y experimentado es lo recordado.  

Recuerda que lo eterno no existe, lo perfecto es construcción lingüística y la muerte simplemente un cerrar de ojos y dejar de respirar.

Recuerda que ayudar es de grandes y de sabios, que agradecer es de humildes y exitosos y la servicialidad es un don que se cultiva, ejercita y reconforta. 

Recuerda que los valores son enseñanzas de tus mayores, son alimentos en ese camino transitado, son opciones en el día a día y satisfacción por ser como eres gracias a lo que te han enseñado.  

Recuerda que la melancolía es frescura, alivio para el alma, un tiempo de alejarse para volver íntegro, sano y con mejores capacidades. 

Recuerda que la soledad a veces es amiga otras, enemiga; puede ser sabiduría y remedio natural o, tal vez, destrucción y con falsas expectativas. No permitas que domine tus sentimientos, eres dueño de tu alma y moderador de tu existencia.  

Recuerda que escuchar y aconsejar es de personas sensatas, preocupadas y dispuestas a enseñar, sabiendo que hoy te toca a ti y que mañana, quizá, me toque a mí. 

Recuerda que juzgar te envenena, alimenta tu orgullo incapaz de hacerte ver en el espejo, te lleva a la cama pensando en cómo destruir y jamás en tener el dulce sueño de la más apreciada vida que podrías escoger. 

Recuerda que los caminos son espinosos, las enfermedades están, las muertes aparecen y que el dolor es inevitable. Pero recuerda que eliges el destino, evades las espinas, superas etapas, el dolor se relaja, las noches son largas, solas, pero al final, poco a poco, el alivio aparece. 

Recuerda que somos humanos, la finitud existe, si me equivoco dímelo, no gires la cabeza y te olvides que aquí estuve.  

Recuerda que la soledad duele, destroza, agota, aísla y te lleva a su guarida, si puedes empújame a la claridad, enséñame que la vida también es armonía, paciente y con ganas de darme otro empujón.  

Recuerda que los años pasan, lo que fui quedó en aquellas fotografías, lo que era ya no es lo que ves, la piel se desgasta y el tiempo amenaza con detener los últimos segundos, si estás aquí, todos los días dime te quiero o simplemente, dame un beso. 

Recuerda que estuve. Cuando recuerdes esos días o, la tristeza y el silencio quieran imitar mi nombre, escucha el sonido de aquél piano, déjate llevar por los recuerdos que jamás mueren, esos que nos hacen sonreír, llorar y suspirar. 

Simplemente, tus recuerdos.