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viernes, 31 de marzo de 2017

Causa y efecto

Cuando todos suban al mismo tren y tu continúes esperando el milagro, puede que te equivoques o, tal vez, quieras aprender lo que es tener decisión propia.

Cuando te digan "te amo" pero existan “peros” en el proyecto conjunto, ¡ten cuidado!, querer no es amar.

Cuando se olvidan de preguntarte por tu vida y el “cómo estás”, ¡recuerda!, no son amigos, sólo conocidos.

Cuando la confianza no existe, el llanto es cotidiano y la angustia es permanente, no hay éxtasis de amor, simplemente obsesión.

Cuando sueñas con crear, te apasiona disfrutar y tienes en tu mente grandes cambios, ¡hazlo!, mañana tendrás anécdotas para relatar y fracasos que rectificar.  

Cuando pidas perdón que sea de corazón, que se esfume lo pasado y te enfoques en lo nuevo, enseña a tu mente que el rencor es repulsivo y genera caos interior.

Cuando escuches intenta ponerte en su piel, duerme pensando en cómo ayudar, abraza con fuerza de humanidad y sonríe ante sus éxitos, la vida te dará lo que has cultivado.

Cuando te encuentres con aquellos que se envuelven y excitan en críticas a los demás, ¡aléjate!, es mejor que te tachen de “queda bien” a que tu alma se envenene con mensajes inadecuados.

Cuando se vaya y te preguntes el “por qué”, cuando las flores depositadas en su ataúd sean tu despedida y cuando el vacío de su ausencia sea camino de dolor, ¡inmortaliza!, nadie muere si se mantiene intacto en tu interior.  

Cuando camines sin sentido e ignorando a los demás, cuando las direcciones no tienen destino, ¡perpetúa!, eres dueño de tu vida, propietario de tu timón y jefe de tu tiempo.

Cuando leas un libro quédate con sus frases, cuando veas la inocencia de un niño comprende que es un don natural, cuando escuches a un anciano reproduce su ejemplaridad y cuando haya ausencia de luz, aférrate a tu gente, tus amigos y hallarás nuevas motivaciones.

Cuando te duela el alma por deshonor, cuando llores por amar y no recibir lo mismo, cuando extrañes lo de ayer, cuando añores a seres queridos, cierra los ojos, piensa lo que has entregado, cómo lo has luchado y podrás avanzar sabiendo que has construido.

Cuando pronuncies palabras a los demás, cimienta puentes de conexión, cuando inspires a otros medita tus acciones, cuando des la mano procura apretar, siente el coraje y transmite tus fuerzas.

Cuando veas que estás en el lugar equivocado, que el miedo te cohíbe, la soledad cubre tu alma, ¡retírate!, es sano comenzar nuevamente, es perfecto enfrentarse a los temores y es correcto alejarse un tiempo para purificar, curar y regresar con mejor espíritu.       
  

Cuando te emociones de verdad, cuando rías sin parar, cuando cantes sin saber y cuando corras sin agotarte, simplemente estás en la mejor etapa de tu vida: ¡renaciendo!

viernes, 27 de mayo de 2011

No sé cómo explicarte, cómo decirte o simplemente qué contarte…

Soy de esos que no logran, quizá por temor o por vergüenza, pronunciar una simple palabra o un breve comentario…

Pero sí puedo transmitir mis emociones, sensaciones y sentimientos con el tacto, con mi mirar y con mi escuchar… No me juzgues por lo que no digo, por lo que no suelo pronunciar o expresar… Sólo déjate llevar, únete a mis energías internas que, con el paso de los segundos, se transforma en un sistema único y difícil de explicar…

Al final, aquello que buscamos explicar, esa definición que tanto deseamos transmitir sólo se vive y experimenta en minutos, segundos, instantes… pero que cuánto más la trabajamos y practicamos más larga y duradera se vuelve…

El amor no se explica, el amor no se define… Se siente, vivencia y mastica.

Cuando estamos juntos y nada invade nuestros pensamientos; porque sólo tú y yo estamos inmersos en ese sistema de amor energético; cuando tu caricia traspasa mi exterior y recorre cada partícula de mis órganos para asentarse y registrarse en mi interior más recóndito; cuando tú cierras los ojos y sientes lo mismo que yo… es ahí; es entonces, cuando podemos decir que vivimos en el mismo cosmos y que estamos enamorados…

El amor no tiene discurso… Nace, crece, madura y eterniza.

El día que sienta que el tiempo ya no es el mismo, que el sol intenta no amanecer para nosotros, en ese momento, cogeré tu mano junto a la mía, volveré a mirarte fijamente como antaño, cerraremos los ojos y buscaremos, no en la culpa ni en los pecados, no en las acusaciones ni en los terceros, sino en aquellas partículas energéticas que tú y yo hemos transmitidos y será en ese instante donde descubriremos dónde y cómo hemos fallado… Sólo ha sido eso, un desliz, una inconstancia pasajera y un “no cuidar” momentáneo… Las agujas continuaran, el sol nuevamente amanecerá para ti y para mí y esta vez, no sólo nos aferraremos sino que también, nos amarraremos al deseo del amor: Cuidarnos…

El amor no se disuelve…. Simplemente reposa.

Aunque no logre ya tocarte, verte o contactar mis labios con los tuyos… cierro mis ojos, aunque me pesan, junto mis manos, ya no son las mismas, están ásperas, arrugadas y más lentas… pero te siento, aún te siento y continuas igual que el mismo día que tu alma se ha unido a la mía… no ha podido amor mío, no ha podido la muerte aislarte de mis emociones, sensaciones y energías… Respiro y huelo tu fragancia, me acaricio y percibo tu piel suave y delicada, cierro mis ojos y ahí te veo…

Perdóname por no decírtelo, perdóname por no expresarte verbalmente aquello que sentía y siento… Aunque si hoy estuvieses conmigo, sería igual… Nos introduciríamos en esa energía cósmica del amor… donde no hay palabras ni lenguaje que transmita lo que sentimos….